In aislamiento, pobreza, solidaridad

Antes que los medios de comunicación empezaran a alertar, justo al inicio de la primera ola por COVID19, sobre el número aterrador de muertes causadas por la pandemia, por mi trabajo ya hacía días que estaba siguiendo las proyecciones internas que algunos expertos manejaban en España.

Recuerdo con nitidez que el escenario más optimista arrojaba, entonces, hipótesis numéricas de miles de muertes por coronavirus solo en la ciudad de Barcelona.

Cuando en la pantalla de mi ordenador se iluminó aquella terrible cifra sólo pude hacer que levantarme de la silla para llegar a una conclusión, que meses más tarde sería premonitoria: “Josep, prepárate, morirán personas próximas que conoces”.

Y es que realmente la pandemia ha afectado a todos y la muerte ha llegado a personas todas las clases sociales, a las personas mayores que estaban ingresadas en una residencia, aunque realmente ha golpeado con muchísima más fuerza aquellas personas invisibles por el mercado laboral regulado, que quedaron relegados, en condiciones sociales y económicas más que precarias.

Llega la ola del deterioro social, que afecta a quienes ya antes de la pandemia sufrían precariedad social y pobreza, pero que ahora también está arrasando con otros ciudadanos que hasta este momento nunca habían tenido que recorrer a las ayudas sociales ni tampoco esperar en las colas del Banco de los Alimentos, de Cáritas u de otras entidades y parroquias para pedir ayuda.

Se trata de personas que pueden ser cercanas a mi entorno, que antes de la pandemia regentaban una tienda, un comercio, trabajaban de camareros en un restaurante, en un hotel o en una agencia de viajes, tenían un puesto administrativo en una empresa y que se han visto afectados por un ERTE o por el cierre definitivo del negocio.

¿Cómo hacer frente a todos los gastos de la comida, de los hijos y del piso en una ciudad como Barcelona en una situación de incertidumbre, en sectores económicos, en algunos casos heridos de muerte por las necesarias medidas restrictivas derivadas del COVID19?

Esta misma semana, un informe alertaba, con cifras en la mano, de esta percepción. Uno de cada tres catalanes se encuentra en riesgo de exclusión social, situación que la pandemia ha duplicado, según el informe de la Fundación Foessa, presentado por Caritas.

Se trata de un incremento sin precedentes, que ha afectado a más de 2 millones de hogares en España, de las cuales 600.000 no disponen de ningún tipo de ingreso que les permita una mínima estabilidad.

Los expertos alertan que se ha llegado a lo nunca visto y el futuro no parece ser demasiado alentador. Es hora de fortalecer el sistema sanitario, seguramente también el sector educativo, pero ¿Para cuándo el sistema social? Urgen políticas sociales y ayudas valientes y decididas para evitar que la ola de la pobreza arrase con más ciudadanos, golpeados, esta vez, por la pandemia.

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